EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA KARACONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.

comenzó a recuperar la tranquilidad.

Hubo días difíciles.

Días en los que lloraba al ver fotografías de sus antiguas presentaciones.

Días en los que escuchaba música de ballet y tenía que apagarla porque le dolía demasiado.

Pero también hubo momentos buenos.

Una tarde recibió una llamada de su maestra Elena.

La academia quería ofrecerle una oportunidad.

No para regresar al entrenamiento intenso.

Eso todavía no estaba autorizado.

Sino para participar en actividades compatibles con las indicaciones médicas.

Podía ayudar a preparar materiales.

Colaborar en la organización de las clases infantiles.