salón, había ocho alumnas de entre cinco y siete años.
Todas llevaban sus pequeños uniformes.
Algunas tenían el cabello recogido en chongos.
Otras todavía estaban intentando acomodarse las zapatillas.
Una niña practicaba una vuelta junto a la pared.
Perdió el equilibrio.
Y casi chocó contra una silla.
Camila abrió los ojos.
Después comenzó a reír.
—¡Cuidado!
La pequeña la miró.
—Es que todavía no me sale.
Camila se acercó.
—A mí tampoco me salía cuando tenía tu edad.
La niña abrió mucho los ojos.
—¿De verdad?
Mi hija asintió.
—Claro.