—Eres su mamá. Estabas asustada.
Hizo una pausa.
—Pero lo importante es que buscaste respuestas.
Me quedé pensando.
Julián continuó:
—Y yo aprendí algo también.
—¿Qué cosa?
—Que querer mucho a una niña no significa que siempre sepa cómo protegerla.
Miró hacia la casa.
—A veces protegerla implica hacer algo que no le va a gustar.
Asentí lentamente.
Ambos habíamos cometido errores distintos.
Yo había permitido que el miedo construyera una historia sin pruebas.
Él había permitido que una promesa de confidencialidad se prolongara demasiado frente a una situación médica