EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA KARACONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.

joven obligada a demostrar que podía cumplir todos sus sueños.

Sino como ella misma.

Una muchacha que todavía tenía preguntas sobre su futuro.

Que seguía necesitando atención médica.

Que quizá algún día volvería a bailar de otra manera.

O quizá descubriría un camino completamente diferente.

Y que finalmente sabía algo que debimos haberle enseñado mucho antes.

Que ninguna enfermedad podía convertirla en una decepción.

Que ningún sueño perdido podía hacer que la quisiéramos menos.

Y que nunca tendría que protegernos de su dolor escondiéndolo detrás de una puerta cerrada.

Aquella