no me había permitido volver sola de la escuela durante varios días. A las once y media, escuchamos un ruido abajo. Alguien abrió lentamente la puerta de la cocina.
Salté del sillón. Papá me agarró inmediatamente de la mano y se llevó un dedo a los labios. Entonces las luces de un vehículo atravesaron la ventana. Alguien llamó tres veces a la puerta principal. Papá palideció.
—Quédate aquí —dijo.
No quería dejarlo ir, pero salió de la habitación y cerró la puerta del dormitorio detrás de él. Al principio escuché