la verdad. Unas semanas antes, los médicos le habían descubierto un grave trastorno del ritmo cardíaco. Su doctor le había advertido que no podía retrasar el tratamiento, pero papá lo había pospuesto porque no quería pasar mi cumpleaños en el hospital. Aquella mañana su estado había empeorado. El médico había insistido en que fuera inmediatamente al hospital, pero papá le había pedido una noche más en casa para poder estar conmigo.
La llamada telefónica que yo había escuchado accidentalmente también era del médico. Papá había dicho: “No se acercará a