mujer había soportado insultos durante años y ahora estaba entregándole su cama a quien nunca había tenido una palabra amable para ella.
Pensé que lo peor había terminado.
Me equivoqué.
A las seis de la tarde llegaron dos vehículos frente a la casa.
De uno bajaron mi tía Leticia y su esposo. Del otro, Óscar. Diez minutos después apareció mi tío Raúl, que supuestamente seguía fuera de la ciudad.
—¿Por qué trajeron a mi mamá aquí sin consultarnos? —exigió Leticia.
—Porque ninguno quiso recogerla —respondí.
Óscar ni siquiera preguntó por