la muñeca.
El reloj de su padre.
El que él le había regalado a Mariana 2 semanas antes de morir.
—Recoge tu dinero —dijo Mariana—. Ya me quitaste casi 4 años. No vas a comprar lo que me queda.
Verónica sonrió.
—Sigues creyendo que puedes ganar.
Para entender cómo habían llegado hasta ese patio en Tlalpan, había que volver al día en que Mariana recuperó la libertad.
Tenía 36 años y había cumplido casi 4 de una sentencia de 5 por fraude y administración fraudulenta.
Antes de prisión había sido