propietaria de Suministros Médicos Salgado, una distribuidora que abastecía consultorios, laboratorios y pequeñas clínicas de Ciudad de México.
Su esposo, Esteban Luján, dirigía ventas.
Verónica llevaba administración y pagos.
Mariana confiaba en ambos.
Ese había sido su error.
Cuando salió, solo tenía una mochila, 1,400 pesos que una tía le había enviado y una sentencia penal que aparecía cada vez que alguien revisaba sus antecedentes.
Su casa en Coyoacán tenía una hipoteca que ella no recordaba haber firmado.
Su empresa estaba en manos de Esteban.
Y ninguno de los