—Sí.
—¿Sabe llevar cuentas?
Mariana dudó.
—Mejor que cocinar.
Doña Elvira levantó una ceja.
—Entonces empieza mañana.
Mariana le contó lo de sus antecedentes antes de aceptar.
La mujer guardó silencio unos segundos.
—Le pregunté si sabe trabajar. No si su vida salió perfecta.
Aquella noche, Mariana durmió en una habitación pequeña con vista al jardín.
Fue la primera vez en años que pudo cerrar una puerta sabiendo que nadie decidiría cuándo volvería a abrirse.
Durante los primeros días cocinó, limpió, lavó ropa y ordenó recibos que Elvira guardaba dentro