pagos.
Verónica presentó autorizaciones y correos aparentemente firmados por ella.
Su defensa no pudo desmontar la documentación a tiempo.
Mariana fue condenada.
Elvira escuchó sin interrumpir.
—¿Conserva algo de esos años?
—Unos correos y estados de cuenta. Los escondí antes de que me detuvieran.
Elvira se levantó.
Regresó con una tarjeta vieja.
—Ramiro Castañeda. Contador forense. Me ayudó cuando mi difunto esposo dejó un problema con unas sociedades. No hace milagros, pero sabe cuándo los números están mintiendo.
—No puedo pagarlo.
—Primero hable con él.
Entonces Elvira sacó su teléfono.