Salí de prisión después de casi 4 años por un fraude que nunca cometí. Mi esposo se quedó con mi empresa y mi propia hermana dejó de contestarme. Una anciana fue la única que me dio trabajo. Una noche preguntó: “¿Por qué estuviste en prisión?”. Se lo conté todo. Ella guardó silencio, sacó su teléfono y me mostró el mensaje que mi hermana jamás imaginó que yo vería.

—Pero hay algo más.

Había recibido un mensaje la noche anterior.

Una mujer le ofrecía 60,000 pesos si despedía a Mariana inmediatamente.

También aseguraba que era peligrosa.

Mariana reconoció el número.

Era Verónica.

Pero la fotografía adjunta fue peor.

Mostraba la antigua casa de Mariana con un enorme letrero de SE VENDE.

Debajo había un mensaje:

“Tenemos que sacarla de Ciudad de México antes de que descubra lo que hicimos con la escritura.”

Mariana levantó lentamente los ojos.

En ese mismo instante, el sedán gris volvió a estacionarse frente