bajo la lluvia y chocó contra mi auto.
Desperté cuatro días después en un hospital.
Todo estaba negro.
“Mateo, enciende la luz.”
Sentí la mano de mi esposo apretando la mía.
“Vale…”
“¿Por qué está tan oscuro?”
Mateo empezó a llorar.
El golpe había dañado los nervios ópticos. Los médicos no podían asegurar que recuperaría la vista.
Los primeros meses fueron terribles.
Tuve que aprender a caminar usando un bastón blanco, preparar café sin derramarlo y reconocer medicamentos tocando marcas que Mateo colocaba en los frascos.
Él fue extraordinario.
Se