abrazó.
Lloramos durante varios minutos.
Por mi vista.
Por nuestro matrimonio.
Por todo lo que habíamos callado.
Cuando nos separamos, Mateo tomó la carta dirigida a Rebeca.
“Termínala.”
La había dejado de leer después de aquella primera frase.
Usé el teléfono para ampliar las letras.
Mateo había escrito sobre nuestros problemas y sobre su agotamiento.
Después encontré un párrafo que cambió todo.
“He pensado en irme, no porque no ame a Valeria, sino porque tengo miedo de seguir haciéndole daño. Pero cuando imagino una vida sin ella no siento alivio.