Fui a escondidas con otra ginecóloga sin decirle nada a mi esposo. Él no dejaba de repetir que quitarme las llaves, el celular e incluso prohibirm

sobres doblados, sujetos con una liga. Eran pequeños, blancos, marcados con días de la semana en tinta azul.

—Él me dio esto —les dijo a los policías—. Me dijo que mezclara uno en su té cada mañana.

—Está confundida —dijo Adrián.

Doña Teresa no apartó la mirada.

—Al principio pensé que eran vitaminas.

Al principio.

Esas dos palabras me dolieron más que todo.

Porque “al principio” significaba que después había dudado.

Y aun así siguió entrando a mi cuarto cada mañana con la taza.

La ambulancia llegó por una entrada