La habitación se volvió helada de repente cuando Daniela comprendió la gravedad de la situación. Minutos antes, era una estudiante universitaria común y corriente, preocupada por un examen de pedagogía que había perdido. Ahora, se encontraba en la pequeña sala de estar de su casa, sosteniendo la prueba de un crimen millonario y una traición insidiosa. Su madre, Mariana, se dirigía en coche hacia ese mismo edificio junto a Óscar, el marido que la había abandonado hacía tres años y que ahora le estaba tendiendo una trampa para incriminarla por
PARTE 2 Evidencia del robo de joyería en Plaza Altavista