En plena audiencia de divorcio, mientras él sonreía convencido de haberme dejado sin nada,

Álvaro había contratado después de la boda.

Era hija de Ignacio.

Lucía sintió que el silencio de la habitación se volvía físico. Marina había asistido a reuniones, preparado agendas, gestionado archivos y conocido cada movimiento interno de la empresa. Durante años, Lucía había sospechado que entre Álvaro y ella existía algún tipo de complicidad personal. La verdad era más incómoda: Marina había entrado como parte de una red de acceso y vigilancia empresarial.

Pero el informe también revelaba algo inesperado. Los investigadores habían empezado a detectar, en los últimos meses