una asistente llamada Marina Cifuentes, empezó a atribuirse decisiones que ella había tomado y, en una comida familiar, permitió que su propia madre dijera delante de todos que Lucía “había vivido siempre del apellido de su abuelo”.
Lucía no respondió. Comenzó a guardar documentos.
Durante 18 meses registró autorizaciones, correos, actas, movimientos y contratos. Descubrió que Álvaro estaba ofreciendo a inversores participaciones que legalmente pertenecían a Valverde Patrimonial. Entonces llamó a Julián Ferrer, el abogado de confianza de su abuelo.
Ahora, en el juzgado, la magistrada terminó de revisar el