En plena audiencia de divorcio, mientras él sonreía convencido de haberme dejado sin nada,

solo había recibido un mandato de gestión condicionado. Entre las prohibiciones figuraban 3 muy claras: no podía presentarlas como patrimonio personal, no podía usarlas como garantía sin autorización y no podía excluir a Lucía de la supervisión societaria.

Había incumplido las 3.

César Beltrán se levantó de golpe y pidió una suspensión. La jueza respondió que la documentación había sido presentada por los cauces legales y que su despacho había sido notificado.

Álvaro perdió el control.

—¡Esa empresa es mía! ¡Yo la levanté!

Lucía lo miró por primera vez desde