pareció a punto de desmayarse. El vaso de café se le escapó de las manos y se estrelló contra el suelo de linóleo, salpicando sus botas lustradas con un líquido marrón y caliente. Ni siquiera se dio cuenta.
No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Juntó los talones con un chasquido seco que resonó en toda la sala y llevó la mano derecha a la frente en un saludo militar de una rigidez desesperada.
«¡Mi general!», ladró, con la voz temblando de horror.
El cabo Brandt parpadeó, mirando al