PARTE 1
—¡Papá, ven rápido! ¡La señora que limpia tiene el mismo corazón que yo!
Aquella frase, pronunciada por una niña de seis años durante su fiesta de cumpleaños, provocó un silencio tan incómodo que hasta la música pareció detenerse.
Lucía Ramírez estaba en medio de la sala de una lujosa residencia en Juriquilla, Querétaro. Llevaba un vestido rosa, una pequeña corona de princesa y una sonrisa enorme. Con una mano sujetaba a Mariana Salgado, la empleada de limpieza, mientras levantaba sus muñecas para mostrárselas a todos.
En ambas había