cuando Rebeca apareció en la puerta.
—Diego, esa mujer está intentando aprovecharse de nuestra desgracia.
Después miró a Mariana con desprecio.
—Mañana no vuelvas. Ya hablé con la agencia.
Mariana recogió sus pertenencias y salió por la entrada del servicio.
Pero esta vez no regresó a casa para resignarse.
El lunes por la mañana comenzó a investigar.
Descubrió que la clínica había cerrado dieciocho meses antes y que la fundación Manos de Esperanza conservaba sus archivos.
También averiguó quién había atendido su parto.
Se llamaba Celia Ortega.
Era una enfermera