obstétrica jubilada que ahora impartía cursos prenatales en Corregidora.
Mariana llegó hasta ella con una copia del certificado de defunción de su hija.
—Necesito saber si mi bebé sufrió antes de morir.
Celia reconoció inmediatamente su rostro.
Y empezó a llorar.
—Mariana, perdóname.
—¿Por qué tendría que perdonarla?
La enfermera se cubrió la boca.
—Porque tu hija no murió.
Mariana sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿Qué está diciendo?
Celia abrió un cajón y sacó un sobre amarillento.
Dentro había copias de dos expedientes médicos.
—Aquella madrugada nacieron