tu mamá pudo despedirse de ti. Pero yo vine a verte cada año. Y eso nadie podrá quitárnoslo.
Una voz masculina sonó detrás de ella.
—¿Puedo quedarme un momento?
Era Diego.
Se acercó lentamente y observó la pequeña lápida.
Mariana le explicó lo que Celia había confesado.
Diego permaneció inmóvil.
Aquella urna contenía, según los registros conservados por la enfermera, las cenizas de la bebé que Sofía había llevado en su vientre.
Una hija cuya existencia le habían arrebatado incluso a su propio padre.
—Yo estaba en Monterrey aquella noche —