“¡Papá, ella tiene mi mismo corazón!”, gritó la hija del millonario al levantar mi brazo frente a 30 invitados. Yo era la empleada de limpieza y llevaba seis años visitando la tumba de mi bebé. Su abuela quiso despedirme inmediatamente. Me quedé callada, anoté la fecha del cumpleaños y pedí una prueba de ADN. Nadie imaginaba quién había preparado aquella mentira. Advertisements

—¡No le diste una vida mejor! ¡Le robaste a su madre!

Rebeca se quedó inmóvil.

—Y a Sofía le quitaste el derecho de conocer la verdad —continuó Diego—. La dejaste criar a Lucía sin saber que otra mujer lloraba a esa misma niña.

Mariana dio un paso adelante.

—¿Sabe qué hice durante seis años? Trabajé jornadas dobles para poder pagar flores cada octubre. Guardé sus primeros zapatitos en una caja. Algunas noches todavía preparaba dos tazas de chocolate sin darme cuenta.

Las lágrimas comenzaron a correrle por las mejillas.

—Usted