—¡No le diste una vida mejor! ¡Le robaste a su madre!
Rebeca se quedó inmóvil.
—Y a Sofía le quitaste el derecho de conocer la verdad —continuó Diego—. La dejaste criar a Lucía sin saber que otra mujer lloraba a esa misma niña.
Mariana dio un paso adelante.
—¿Sabe qué hice durante seis años? Trabajé jornadas dobles para poder pagar flores cada octubre. Guardé sus primeros zapatitos en una caja. Algunas noches todavía preparaba dos tazas de chocolate sin darme cuenta.
Las lágrimas comenzaron a correrle por las mejillas.
—Usted