“¡Papá, ella tiene mi mismo corazón!”, gritó la hija del millonario al levantar mi brazo frente a 30 invitados. Yo era la empleada de limpieza y llevaba seis años visitando la tumba de mi bebé. Su abuela quiso despedirme inmediatamente. Me quedé callada, anoté la fecha del cumpleaños y pedí una prueba de ADN. Nadie imaginaba quién había preparado aquella mentira. Advertisements

Sofía no habría soportado otra pérdida!

Su voz resonó en el salón.

—¡Había perdido cuatro embarazos! ¡Cuatro! ¿Ustedes saben lo que significa ver a una hija destruida de esa manera?

Se volvió hacia Mariana.

—Tú tenías veintidós años. Podías trabajar, rehacer tu vida, encontrar otro hombre y tener más hijos. Sofía ya no podía soportarlo.

—Entonces decidió quitarme a la mía —respondió Mariana.

—¡Le di una vida mejor! ¡Una casa hermosa, educación, médicos, viajes! ¡Todo lo que tú jamás habrías podido pagar!

Diego golpeó la mesa con la palma abierta.