mujer está despedida!
Diego frunció el ceño.
—Mamá, solamente hizo una pregunta.
—¡Y yo soy quien decide quién entra a esta casa!
Entonces Rebeca se acercó a Mariana y le susurró algo que nadie más escuchó:
—Te advierto una cosa. Si vuelves a acercarte a mi nieta, haré que te acusen de robo. Y créeme, cuando una mujer pobre se enfrenta a mi familia, nadie le cree.
Mariana retrocedió horrorizada.
Porque aquella amenaza acababa de confirmar que la señora sabía mucho más de lo que estaba dispuesta a contar.
Y