el cargo impreso debajo del nombre.
Sus ojos se abrieron.
—¿Usted es…?
Arturo asintió.
—Sí.
—Pensé que…
—¿Que era un señor raro cenando solo?
Lucía soltó una carcajada.
Elena también.
Por primera vez desde que habían entrado, su risa parecía completamente real.
—Algo así.
Cuando Arturo se levantó para despedirse, Lucía tiró suavemente de la manga de su madre.
—Mamá.
—¿Qué?
La niña miró a Arturo.
—Él también está solo.
Elena se quedó inmóvil.
Arturo sintió un nudo en la garganta.
Lucía continuó:
—Puede cenar con nosotras mañana.
—Cariño…
—Dijiste