Continuó hablando.
—A nombre de Elena… ¿su apellido?
—Ramírez —respondió ella casi automáticamente.
—Elena Ramírez.
Terminó la llamada.
—Todo está listo.
Elena negó con la cabeza.
—Señor, agradezco mucho la cena, pero esto es demasiado
Ella se puso seria.
—No quiero un empleo regalado.
Aquella respuesta hizo sonreír a Arturo.
—Perfecto.
Sacó una tarjeta sencilla.
—Entonces no se lo voy a regalar.
La colocó sobre la mesa.
—Cuando terminen las fiestas, llame. Le conseguiré una entrevista. Después tendrá que ganarse el puesto como cualquiera.
Elena observó la tarjeta.
Entonces vio