Un millonario vio a una madre gastar sus últimas monedas en su hija… y tomó una decisión inesperada

—Creo que perdí la práctica comprando regalos para niños.

Lucía apareció corriendo.

Había comprado una pequeña muñeca, libros, colores y un abrigo nuevo.

Nada extravagante.

Al menos eso creía él.

También llevaba adornos sencillos y un árbol pequeño que colocaron junto a la ventana.

Desayunaron juntos.

Después comieron tamales y otros platos sencillos que Arturo había conseguido.

Lucía insistió en colocar personalmente cada adorno del árbol.

Uno quedó casi tocando el suelo.

Otro quedó escondido detrás.

Arturo quiso moverlos.

Lucía lo prohibió.

—Así está perfecto.

Y por alguna razón, Arturo