estuvo de acuerdo.
Por la tarde jugaron cartas.
Lucía hizo trampa.
Elena fingió no darse cuenta.
Arturo perdió seis partidas consecutivas.
Al anochecer, la niña terminó dormida con la cabeza sobre su hombro.
Arturo dejó de respirar durante unos segundos.
No quería despertarla.
Elena estaba sentada enfrente.
—Gracias —susurró.
—Ya me dio las gracias demasiadas veces.
—No por el hotel.
Arturo la miró.
—Entonces, ¿por qué?
—Por hacer que hoy pareciera Navidad.
Arturo observó a Lucía dormida.
—Creo que ella hizo eso por mí.
Elena guardó silencio.
Después preguntó:
—¿Por