era.
Lucía le contó que su padre cantaba fatal.
Elena dijo que eso era completamente cierto.
Arturo comprendió que amar a aquellas dos personas también significaba respetar al hombre que habían amado antes.
Elena hizo lo mismo con Verónica.
Nunca pidió a Arturo que guardara sus fotografías.
Nunca intentó competir con un recuerdo.
Preguntaba por ella.
Escuchaba historias.
Una noche Arturo terminó llorando mientras contaba cómo Verónica quemaba siempre el primer pan de cada desayuno.
Elena le tomó la mano.
No dijo nada.
Fue suficiente.
Casi sin darse cuenta, los