realidad, Arturo simplemente no quería regresar a una casa vacía.
Aquella Nochebuena había enviado a descansar a todo el personal de su casa.
Su hermano lo había invitado a pasar la noche con su familia en otra ciudad, pero Arturo rechazó la invitación.
No quería sentarse frente a una mesa llena de padres, hijos y nietos fingiendo que estaba bien.
Así terminó solo en aquella cafetería.
Entonces entraron ellas.
La madre no tendría más de 31 años.
Llevaba un abrigo sencillo, muy usado en los puños, y una bolsa pequeña