colgada del hombro.
La niña tendría siete.
Tenía el cabello recogido, un suéter verde y una mochila infantil que parecía demasiado pesada para su tamaño.
Lo primero que Arturo notó no fue su ropa.
Fue la forma en que la mujer miraba a su hija.
Estaba agotada.
Se le notaba en la cara.
Pero cada vez que la pequeña le decía algo, la mujer sonreía como si no existiera nada más importante en el mundo.
Cuando llegó la mesera, la madre señaló una sola opción del menú.
Luego contó otra