visto las monedas sobre la mesa.
La mujer apenas había podido pagar una comida y había decidido que fuera para su hija.
La pequeña empezó a comer.
Su madre la observaba con una tranquilidad que no coincidía con la preocupación de sus ojos.
Arturo sintió algo extraño.
Hacía años que nadie lo miraba como aquella mujer miraba a su hija.
En su empresa, cientos de personas estaban pendientes de lo que él decía.
En reuniones importantes, todo el mundo quería sentarse cerca de él.
Recibía llamadas, invitaciones y felicitaciones constantemente.