Pero muchas veces se preguntaba cuánto de aquello desaparecería si su cuenta bancaria quedara vacía al día siguiente.
Levantó la mano y llamó discretamente a la mesera.
—Disculpe.
La mujer se acercó.
Arturo señaló con la mirada la otra mesa.
—Quiero pagar lo que pidieron.
La mesera sonrió.
—Claro.
—Y lleve también una cena completa para la madre. Lo que usted crea que está bien. Por favor, no les diga quién la pagó.
La mesera asintió.
Arturo volvió a mirar su café.
Cinco minutos después escuchó una voz sorprendida.
—Pero