—Estoy llegando.
—¿De verdad?
—Sí. Ya estamos entrando en Suiza.
Hubo una pausa.
—Pensé que volverías a elegir otra reunión.
Alejandro cerró los ojos.
Marta apartó discretamente la mirada.
—Yo también lo habría pensado.
—No quiero discutir.
—Ni yo. Quiero pedirte perdón.
La respiración de Inés sonó débil al otro lado.
—Hazlo cuando llegues.
Alejandro soltó una pequeña risa entre lágrimas.
—Entonces espérame.
La llamada terminó.
Durante unos segundos pareció que todo estaba bien.
Hasta que el sistema emitió una advertencia.
La temperatura había vuelto a subir.
Marta revisó los