de él.
—Eso me gusta más.
Alejandro comenzó a llorar.
No intentó esconderlo.
Marta permanecía cerca de la puerta cuando Inés reparó en ella.
—¿Quién es?
Alejandro se giró.
—La razón por la que estoy aquí.
Marta negó rápidamente.
—No exactamente.
Alejandro contó lo ocurrido.
La avería.
Las 13 horas.
Los técnicos.
Los 20 minutos.
El problema durante el vuelo.
Inés escuchó con los ojos muy abiertos.
—¿Y trabajabas limpiando el hangar?
Marta asintió.
—Hasta esta mañana, supongo.
Inés soltó una pequeña carcajada que terminó en tos.
Después extendió una