mano.
—Gracias por no dejar que mi padre tuviera otra excusa.
Marta sonrió.
—Esa parte ha sido responsabilidad suya.
Alejandro aceptó el golpe con una sonrisa.
Durante los siguientes 11 días permaneció en la clínica.
Canceló reuniones.
Delegó contratos.
Por primera vez en muchos años, dejó el teléfono apagado durante horas.
Desayunaba con Inés.
La acompañaba durante sus tratamientos.
Hablaban.
Algunas conversaciones eran incómodas.
Inés le recordó cumpleaños a los que no había asistido, graduaciones que había visto por vídeo y Navidades en las que apareció únicamente para entregar regalos