Cuando oí que 8 técnicos daban por perdido el jet mientras la hija del dueño esperaba en Suiza, dejé la fregona y me acerqué al motor. El jefe me cortó: «Marta, vuelve a tu zona». No discutí; conecté el diagnóstico y abrí el panel. Entonces encontré un sensor que todos habían revisado… pero nadie había probado en vuelo.

Rosa Ríos llevaba años trabajando en la cocina de un colegio público y rara vez se permitía mostrar emociones delante de desconocidos.

Aquel día corrió hacia su hija.

—¿Tú sabes el susto que me has dado?

—Mamá…

—Dijiste que era un viaje de trabajo.

—Técnicamente lo era.

Rosa miró el jet, luego a Alejandro, después otra vez a su hija.

—Cuando lleguemos a casa vamos a hablar.

Inés comenzó a reír.

Incluso Alejandro sonrió.

1 semana después, Marta recibió una llamada.

Alejandro quería verla en las oficinas del Grupo Valdés