El motor respondió.
Tosió una vez.
Después otra.
Alejandro cerró los ojos.
Y entonces la turbina comenzó a girar de forma limpia y estable.
Las alertas desaparecieron.
Marta soltó el aire.
Habían pasado 18 minutos.
Alejandro se acercó sin saber qué decir.
Finalmente preguntó:
—¿Dónde aprendiste eso?
—De mi padre.
—Quiero conocerlo.
La expresión de Marta cambió.
—Ya no está.
Julián había perdido la vida después de una enfermedad que obligó a la familia a endeudarse. Marta abandonó sus estudios para ayudar a su madre y terminó aceptando el primer