un lugar donde descansar».
Después volvió a colocárselo.
Y aquella noche durmió sin soñar con hambre.
Los días siguientes estuvieron llenos de trabajo.
Isabel se levantaba antes del amanecer para encender el fogón y preparar el desayuno.
Aprendió rápidamente que ocho vaqueros hambrientos podían consumir una cantidad sorprendente de tortillas.
También descubrió que la despensa estaba terriblemente desorganizada.
Había sacos de harina abiertos, frijoles mezclados con piedras, carne salada que nadie había revisado y frascos de conservas olvidados en un rincón.
Durante su primera semana limpió los estantes, ordenó las