anciano la miró fijamente.
«¿Cómo lo sabe?».
«Porque don Hilario me dijo cuánto costaba un saco la última vez que fui al pueblo. Nosotros estamos pagando casi una tercera parte más al proveedor que nos lo trae».
Diego, que escuchaba desde la puerta, se acercó.
«¿Está segura?».
Isabel abrió su cuaderno.
«Aquí están los números».
Aquella misma semana, Diego viajó a San Miguel del Llano y consiguió un acuerdo más favorable con dos comerciantes.
El ahorro no solucionaba la sequía.
Pero les daba unas semanas adicionales para encontrar una salida.