las deudas podían convertirse en una soga alrededor de una familia.
Durante los días siguientes comenzó a revisar los gastos de la cocina con más cuidado.
Redujo el desperdicio, preparó conservas con las verduras del huerto y aprovechó cada alimento sin disminuir las raciones de los trabajadores.
Después pidió permiso para revisar las compras generales del rancho.
Eusebio se mostró sorprendido.
«¿También quiere meterse con mis cuentas?».
«Solamente quiero ayudar».
«Mis cuentas las llevo yo».
«Entonces sabrá que estamos pagando demasiado por el maíz que compramos en San Miguel».
El