los árboles a veces conocen el camino del agua mejor que los hombres».
Diego sonrió.
«Su abuelo debió de ser un hombre sabio».
«Era un hombre que escuchaba mucho a la tierra».
Al día siguiente, Diego llevó a Basilio y otros dos trabajadores a revisar el lugar.
Retiraron ramas, piedras y tierra acumulada cerca de una antigua acequia.
Después de varias horas de trabajo encontraron un hilo de agua que corría entre las rocas.
No era suficiente para alimentar todo el ganado.
Pero podía mantener vivo el pequeño huerto y