despejado junto al arroyo!».
Diego reunió a los trabajadores.
Isabel corrió hacia la cocina, llenó varios recipientes de agua y los llevó al patio.
Durante casi dos horas, hombres y animales lucharon contra el calor, el humo y el miedo.
El fuego alcanzó una vieja cerca y parte de un cobertizo abandonado.
En medio de la confusión, Julián gritó que Basilio no había regresado.
El capataz había entrado en el corral pequeño para liberar a una yegua asustada.
Diego corrió hacia el humo antes de que nadie pudiera detenerlo.
Isabel