«Lo siento mucho».
«Gracias».
Durante un momento, solamente se escuchó el chirrido de las ruedas.
«Ella era el corazón de nuestra casa», añadió Diego. «Desde que murió, mi padre pasa más tiempo entre los caballos que dentro de su propia habitación».
Isabel miró el horizonte.
«Entiendo lo que significa perder a alguien así».
Diego volvió ligeramente la cabeza.
Sus ojos descendieron un instante hacia el anillo que Isabel llevaba nuevamente puesto.
No hizo preguntas.
Y ella agradeció aquel silencio más de lo que habría sabido expresar.
Cuando llegaron al rancho