bajo el sol de la tarde.
Diego llevaba las riendas con una tranquilidad que parecía formar parte de su carácter.
Finalmente, fue él quien rompió el silencio.
«¿De dónde viene, señorita Morales?».
«De Zacatecas».
«Es un largo camino».
«Mucho más largo de lo que imaginaba».
Diego esperó, pero ella no explicó nada más.
«Mi padre se llama Eusebio Vargas», continuó él. «Es un hombre exigente, aunque justo. Lleva treinta años trabajando Los Álamos».
«¿Y su madre?».
Las manos de Diego se tensaron apenas sobre las riendas.
«Falleció hace dos años».