EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

no era agradecerle eternamente los sacrificios del pasado.

Era asegurarme de que nunca volviera a sentirse obligada a hacerlos para conservar mi amor.

—Me parece que estás exactamente donde querías estar —respondí.

Valeria sonrió.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

—Todavía hay mucho por hacer.

—Lo sé.

—Esto apenas está empezando.

Le apreté la mano.

—Entonces será emocionante ver lo que viene.

Ella apoyó la cabeza en mi hombro.

Y permanecimos allí durante unos segundos, rodeados de pequeños objetos destinados a ayudar a otros seres vivos a recuperar su independencia.

Me