EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

avanzar».

Me quedé contemplándola.

Valeria apareció a mi lado.

—¿Qué te parece?

No respondí inmediatamente.

Pensé en aquella mujer que había aparecido frente a mi puerta con los ojos rojos y una enorme maleta azul.

Pensé en la joven que había dejado pasar un autobús a Mérida siete años atrás.

Pensé en todas las veces que había antepuesto mis problemas a sus propios sueños.

Y después miré a la mujer que tenía delante.

Sonriente.

Segura.

Orgullosa de su trabajo.

Finalmente comprendí que lo más hermoso que podía hacer por ella